Autocuidados en verano: el verdadero descanso
porque descansar no es solo dejar de trabajar

Llega el verano, y con él, las vacaciones tan deseadas. Pero… ¿realmente descansamos? Muchas mujeres me cuentan que acaban el verano más cansadas de lo que estaban al comenzar. Si te suena familiar, sigue leyendo.

No ir a la oficina no significa descansar

Una de las tareas pendientes para muchas mujeres es revisar cómo usamos nuestro tiempo. Las vacaciones no siempre significan dedicarnos a nosotras mismas. Muy al contrario, solemos invertir aún más horas en los demás: familia, entorno, personas queridas… y todo eso también cansa.

En verano, es fácil caer en la trampa de cambiar el trabajo profesional por el doméstico o familiar. Y este tipo de “trabajo invisible” pasa factura, sobre todo si no paramos conscientemente.

El descanso empieza por darte permiso

 Descansar cuerpo, mente y espíritu no es un lujo, es una necesidad. En un mundo de sobreestimulación constante, permitirte parar —de verdad— es vital. Muchas mujeres vivimos atrapadas en el FOMO (el miedo a perdernos algo), lo que nos mantiene en un estado de alerta constante.

Hacer descansar tu mente es una necesidad biológica en una sociedad que se caracteriza por la sobre estimulación constante desde que nacemos. Pero hacer “nada” también es una forma de cuidarte. Baja el ritmo, silencia la exigencia, y reconecta contigo.

 

 

Escucha tus propias necesidades

Cuando por fin tenemos tiempo, muchas mujeres lo usamos para cuidar a todos los demás: padres, hijos, nietos, pareja, familia política… ¿Te ha pasado que al final te olvidas de ti? Incluso puedes pensar que eso también te gusta. Pero ojo: autocuidarse no es egoísmo, es salud.

Cuidado con el “cómo deben ser las cosas”. Si siempre priorizas lo que esperan de ti, puedes terminar frustrada cuando nadie cumple tus propias expectativas. (Este es un temazo al que le daré un lugar de honor dentro de mis blogs).

 

Aquí te dejo algunas ideas para que en vacaciones puedas darle a tu cuerpo y a tu mente cosas que te alimenten el resto del año.

 

  • Prepara con cariño tus vacaciones. Haz una lista de lo que realmente te apetece hacer. Recuerda: tus planes valen, incluso si los haces sola. Vacaciones no significa estar siempre acompañada.
  • Evita lo que te resta energía. Algunas compañías o situaciones son inevitables, pero puedes aprender a no dejar que te afecten tanto.
  • Ajusta expectativas sobre los demás. No dejes en manos ajenas la calidad de tus vacaciones. Tú decides cómo quieres vivirlas.
  • Vive el presente. No empieces a pensar en la vuelta antes de tiempo. Perder los últimos días o incluso la última semana pensando que te esperará a la vuelta en la oficina, es perder una parte de tu tiempo. Lo que tenga que ser, será.

 

Tu propio descanso ha de estar en el centro de las vacaciones

 

Busca esos espacios que te hacen bien. Reconecta con amigas, duerme más, lee, haz algo espontáneo, ríe, baila o simplemente… respira. Crea unas vacaciones a tu medida, conscientes de lo que necesitas.

 

Haz que al final del verano puedas decir con una sonrisa: “¡Qué bien me siento!”