"Me siento culpable..."
La gran cárcel las mujeres

Eva, culpable de incitar a Adán a pecar.

Mata Hari, culpable de seducir hombres para extraer secretos de Estado.

Juana de Arco, culpable de brujería y vestir como un hombre tras ganar la batalla de los cien años.

Margaret Thatcher, culpable de ambición y frialdad como la primera ministra mujer del Reino Unido.

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¿Te suena?

lo largo de la historia se nos ha responsabilizado de los males del mundo. No es de extrañar que con tanta leyenda negra en los referentes femeninos, terminemos integrando esos mensajes en nuestro ADN. Es así como llegamos a: las mujeres nos llevamos mal entre nosotras, las mujeres nacimos cotillas, las mujeres somos manipuladoras… Y un montón de estereotipos en los que nos educamos y que refuerzan la manera de vernos.

 

Sentirse culpable por todo

 

 

Si analizamos nuestros sentimientos, nos sentimos culpables por hacer cosas y por no hacerlas: dedicarnos tiempo, atender nuestras necesidades, hacer las cosas que nos hacen sentir bien, delegar responsabilidades… Son cuestiones que nos hacen sentir egoístas si las hacemos y culpables si no las hacemos. 

 

 

 

 

Desde niñas aprendemos a cumplir con las expectativas y necesidades de nuestro entorno y si no lo conseguimos, nos sentimos mal por ello. La lactancia a demanda, la superpreparación para acceder al mercado laboral, la compatibilidad de roles profesionales y familiares, estar guapas y jóvenes, la compasión por los demás y nunca sobre nosotras mismas.  

Todo esto nos impide mirarnos, entendernos y cuidarnos sin sentirnos culpables por ello.

¿La consecuencia? La depresión, la ansiedad, la ausencia de afectos y reconocimientos y la falta de placer y libertad sexual. Por eso, es vital que nos deshagamos de la culpa lo antes posible.

Practica la autocompasión

Da igual que tengas 30 que 80, deja la culpa atrás. Las mujeres, como los hombres, tememos buenos y malos sentimientos. Tenemos aciertos y errores y no debemos dejarnos secuestrar y anular por la culpabilidad. La vida te reta y te desafía y eso te lleva a crecer. 

Eres única. Y no es una frase hecha, es una realidad. No hay dos personas que actúen, piensen, vivan o sientan igual. Por tanto, debes decidir tu propio camino.

Bucea en ti misma, deja de hacer cosas todo el día y guarda un poquito de tiempo para pensar y reflexionar sobre quién eres y qué deseas que sea tu vida. Define cuáles son los valores y principios donde reposa tu manera de estar en el mundo. Cuando conectas con tu esencia, te sientes increíblemente fuerte. 

Tratamos de entender las debilidades, errores y limitaciones de todo el mundo mientras somos implacables con nosotras mismas. Acepta que no eres perfecta y deja de buscar la perfección constante. El error y las equivocaciones son parte de la humanidad y tú eres humana.

Piensa, analiza, decide y vive. A veces, los fallos solo están a los ojos del resto, con sus criterios y sus filtros. Si queremos cambiar de rumbo, cambia. No tienes que permanecer en el mismo camino, la hoja de ruta de la vida está en constante construcción. 

Por último, pero no menos importante, no juzgues a otras mujeres. Ayudará a que el resto también pueda librarse de la culpa. Práctica la sororidad real. No colabores con el secuestro de la vida de las mujeres y su libertad.

No permitas que la culpa controle tu existencia.